Creer que se es obeso

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¿Por qué hay chicas normales que temen ser obesas? Suelen ser chicas con madres que siempre están haciendo régimen y hablando de sus cuerpos. Las chicas que quieren tener el reconocimiento de sus madres’ suelen tratar de identificarse con ellas imitando sus preocupaciones por el peso. Así, madres e hijas se aproximan entre sí, o eso creen según comentan en www.Comoperderpeso.es

Otra razón para creerse obesa es compararse con las modelos publicitarias, que cada vez están más cerca de las edades adolescentes. Estas modelos solían ser principalmente mujeres adultas, pero debido al tremendo auge de las revistas juveniles, se ha introducido la figura de la modelo juvenil.

El hecho de que las mujeres hagan cada vez más deporte también influye en esta preocupación por el peso. Para ciertas actividades deportivas la delgadez es una necesidad. Los entrenadores afirman que cuanto más delgada sea una nadadora más veloz será.

Sólo un ligero exceso de peso en las bailarinas hace que sus preparadores se suban por las paredes. He visto a instructores ponerse totalmente histéricos por un aumento de uno o dos kilos de peso. Con una tensión así, no es sorprendente que algunas chicas sean tan severas consigo mismas en relación a su peso.

Muchas adolescentes creen que están engordando, cuando en realidad están sufriendo un proceso totalmente natural: la transición física de adolescente a mujer. Esta implica la distribución de grasa en las caderas, parte superior de las piernas y en el pecho. Las chicas jóvenes se quejan de tener demasiada grasa y siempre están intentando librarse de una distribución de grasa que es normal y constituye buena parte de la esencia femenina.
Hasta ahora he expuesto razones normales para preocuparse por el peso.

Estas chicas hacen régimen con frecuencia, pero raramente causan perjuicios a sus cuerpos. La mayoría de ellas ceden al ver lo dificil que es conservarse tal delgadas como quisieran. A veces el régimen sólo sirve para darles un tema de que hablar. Quieren llamar la atención y oír decir a la gente: Oh, pero si no necesitas hacer ningún tipo de régimen; tienes un hermoso tipo.

A continuación veamos el caso de una persona que tiene una preocupación anormal por su peso.

Anorexia nerviosa

Conocí a una chica de sexto grado que pesaba igual que yo. Cuando la miro ahora me da la impresión de que no come. Se obligó a sí misma a no comer y ahora debe de pesar entre 35 y 40 kilos. Se le marcan todos los huesos, tiene la nariz roja y lleva siempre puesto el abrigo. Yo preferiría ser gorda a estar así. No sé lo que come, pero todos dicen que debería ir al médico. Está tan mal como si fuera obesa.

Tracey: la historia de un caso

Tracey jugueteaba con su mentón y se preguntaba por qué nunca había salido con un chico. Se había estado contemplando en el espejo durante tanto rato que los ojos le dolían.

¿Por qué —pensó Tracey— los chicos no me encuentran atractiva? Creía tener unos bellos ojos oscuros, casi tan oscuros como su pelo. Medía 1,65 metros, tanto como su madre y más que su hermana mayor. Deseaba haber tenido un hermano, para preguntarle qué había de malo en su aspecto.

O incluso un padre:, éste se había marchado de casa cuando Tracey sólo tenía cinco años. Ella apenas le recordaba y su madre no le permitía hablar de él.

Tracey tenía quince años, pesaba 61 kilos y medía 1,65 metros. Vivía en una zona de recreo en Madrid. Había sido educada, junto con su hermana mayor, por una madre divorciada que era extremadamente estricta y no les permitía salir con chicos, ni siquiera en la escuela superior.

Tracey estaba tan inhibida por su madre que se mostraba fría y distante con los chicos. Esto no les molestaba a ellos, pues en su escuela había una proporción de tres chicas por un chico. La tímida Tracey no llamaba la atención.

Llegué al convencimiento de que era debido a que estaba gorda. Tenía que adelgazar, y deprisa.

  • 1 de diciembre. Tracey se impone una rígida dieta de 800 calorías al día.
  • 3 de enero. Tracey vuelve a clase después de las vacaciones de Navidad. Pesa 53 kilos, pero su vida social no cambia. «Me paso horas mirándome al espejo. Todo está bien, pero aún estoy demasiado gorda.»
  • 9 de enero. Tracey reanuda su dieta. Ahora hace una hora diaria de ejercicio físico: calistenia y jogging.
  • 1 de febrero. Tracey pesa 47 kilos. Sus compañeros de clase se dan cuenta de que está cada vez más delgada. Pero los chicos, en lugar de querer salir con ella, se alejan aún más.
  • 5 de febrero. Tracey se niega a comer, su madre se desespera y decide llevarla al médico de la familia. Allí Tracey expone sus problemas con el sexo opuesto. El doctor le ordena que coma, y ella dice que se lo pensará.
  • 14 de febrero. Tracey cumple 16 años. Pero como tiene pocos amigos, no celebra una fiesta de cumpleaños. Sus períodos son regulares y experimenta un ligero desarrollo de los senos.
  • 20 de febrero. Tracey pesa 43 kilos. Su madre la vuelve a llevar al médico que, alarmado, la manda a un psiquiatra.
  • 22 de febrero. Tracey empieza la psicoterapia. Vuelve a exponer sus problemas, e incluso bromea con el médico.
  • 25 de marzo. Tracey pesa 36 kilos. Come tan poco que apenas puede andar. Sus notas empeoran drásticamente. Dice que se ve bien y le gusta ser así de delgada. «¿Por qué te preocupas?», le pregunta a su madre.
  • 27 de marzo. Tracey ingresa en un hospital psiquiátrico. Los médicos, temiendo que muera por desnutrición, la trasladan a un hospital general. Allí la alimentan con una mezcla líquida, a través de un tubo que pasa por la nariz y la garganta, con objeto de hacerle ganar peso.
  • 10 de abril. Tracey vuelve al hospital psiquiátrico. Pesa 45 kilos y está fuera de peligro. Parece una chica encantadora, extravertida y sofisticada. Nadie puede convencerla de que había algo equivocado en su conducta. Los médicos le dicen que si no come volverán a alimentarla mediante tubos. Finalmente, empieza a comer con normalidad.
  • 30 de abril. Tracey sale del hospital. Ha profundizado más en sus problemas personales, pero no tiene idea de por qué se estaba dejando morir de hambre.

¿Crees que Tracey era una chica normal, que simplemente se dejó llevar por su dieta?
No. Tracey sufría anorexia nerviosa (lo que significa una pérdida del apetito originada en el sistema nervioso), una enfermedad psíquica.

A pesar de que en los últimos años se ha hablado mucho de la anorexia nerviosa, aún es una enfermedad poco usual. Una publicación la definió como la muerte por el régimen, indicando que es un peligro potencial para todo aquel que se tome la dieta demasiado en serio.

 

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